Hubo una época en Marruecos en la que una sola moneda podía hacer que un niño se sintiera como de la realeza. Entrar en el hanout local (la tienda de comestibles del barrio) con una moneda plateada de 1 dírham (MAD) abría un mundo de posibilidades. Durante décadas, esa pequeña pieza monetaria tuvo un valor inmenso, actuando como un pasaporte hacia placeres cotidianos, aperitivos y artículos esenciales de diario.
Hoy en día, si miras una moneda de 1 dírham, apenas alcanza para comprar un chicle o una bolsa de plástico. La expresión "Zaman al-rakha" (la época de la abundancia y los precios bajos) suele ser repetida por las generaciones mayores con una mezcla de cariño y nostalgia.
Para apreciar de verdad la situación económica actual de Marruecos, debemos echar la vista atrás a lo que solía comprar 1 dírham y comprender las poderosas fuerzas económicas que cambiaron para siempre nuestra relación con el dinero.
El banquete de 1 dírham: lo que solía comprar una sola moneda
Para cualquiera que haya crecido en Marruecos durante las décadas de 1980, 1990 o incluso a principios de los 2000, el poder adquisitivo de 1 dírham es un recuerdo fundamental de la infancia. El hanout era un cofre del tesoro donde los precios se mantenían estables durante años.
Si tenías 1 dírham en el bolsillo hace años, podías elegir entre una impresionante variedad de productos emblemáticos:
- La leyenda de Raibi Jamila: Durante mucho tiempo, la bebida de yogur con sabor a granada más famosa de Marruecos costó exactamente 1 DH. Acompañarla con una galleta clásica Tonik o Henry's —que también costaban 1 DH cada una— era el ritual perfecto para después del colegio.
- Pan fresco (Khobz): Un alimento básico en todos los hogares marroquíes. Una hogaza de pan redonda y recién horneada de la panadería del barrio o del mercado local tuvo un precio fijo de 1 DH durante generaciones.
- La leyenda moderna de Bimo: Los tradicionales barquillos cubiertos de chocolate como Merendina o Tango entraron inicialmente al mercado al asequible precio de 1 DH, convirtiéndose en el tentempié indispensable para los estudiantes.
- Un puñado de aperitivos callejeros: Si visitabas a los vendedores ambulantes tradicionales, 1 DH te alcanzaba para un generoso cucurucho de papel lleno de garbanzos calientes con sal (Hami), pipas de girasol tostadas (Zari3a) o un refrescante vaso de zumo de caña de azúcar bien frío.
- Artículos esenciales para el hogar: ¿Tenías que hacer un recado para tu madre? Con 1 DH podías comprar un pequeño sobre monodosis de detergente Tide o un huevo individual para terminar una receta.
En aquellos tiempos, el dinero se sentía tangible y estable. Sabías con exactitud lo que valía una moneda, y ese valor no cambiaba de un mes a otro.
El cambio de rumbo: ¿por qué se encareció todo tanto?
Es fácil mirar hacia atrás y atribuir el aumento de los precios a la simple codicia corporativa, pero la realidad está profundamente ligada a la macroeconomía global. El principal culpable de la desaparición del presupuesto de 1 dírham es la inflación.
La inflación es la disminución gradual del poder adquisitivo del dinero, reflejada en un aumento generalizado de los precios de bienes y servicios. En Marruecos, varios factores específicos aceleraron esta transición a lo largo de la última década:
1. La cadena de suministro global y la inflación importada
Marruecos es una economía abierta que depende en gran medida de las importaciones para la energía (petróleo y gas) y productos alimenticios básicos (como trigo, azúcar y aceite de cocina). Cuando los acontecimientos internacionales —como conflictos geopolíticos, interrupciones en el transporte marítimo o crisis climáticas— disparan los precios internacionales del petróleo y los cereales, Marruecos importa esos costes más elevados. La fábrica local que produce tu galleta favorita ahora tiene que pagar el doble por el transporte y la harina, obligándola a subir el precio de venta al público para subsistir.
2. La reforma del sistema de subsidios (La Caisse de Compensation)
Históricamente, el gobierno marroquí subsidiaba en gran medida productos básicos como el azúcar, la harina y el gas butano para mantenerlos accesibles al público general. Sin embargo, mantener estas subvenciones cuesta miles de millones de dírhams al año. A medida que Marruecos modernizó su economía y avanzó hacia sistemas de bienestar social más focalizados, las subvenciones a diversos bienes se redujeron o reestructuraron gradualmente. Sin el control artificial de precios ejercido por el Estado, las fuerzas del mercado tomaron el control y los precios al consumidor se ajustaron al alza de forma natural.
3. El cambio climático y la agricultura local
La economía de Marruecos depende estructuralmente de las precipitaciones. Varios años consecutivos de sequía severa han afectado gravemente los rendimientos agrícolas locales. Cuando el agua escasea, el coste de cultivar verduras, alimentar al ganado y producir lácteos se dispara. Este cambio estructural explica por qué productos básicos como tomates, cebollas y carne han sufrido aumentos de precio drásticos, situándose mucho más allá de lo que permite la calderilla del bolsillo.
Evolución, no el fin
Hoy en día, esos productos emblemáticos de 1 DH se han adaptado a los tiempos. Raibi Jamila y Merendina han duplicado o triplicado sus precios, o bien su precio se ha mantenido bajo a costa de reducir el tamaño físico del producto: un fenómeno que los economistas denominan reduflación.
Aunque es natural sentir nostalgia por aquellos días en los que 1 dírham era una pequeña fortuna, este cambio forma parte natural de una economía en crecimiento y desarrollo. Marruecos ya no es el mercado aislado de hace cuarenta años; es un actor vital en el escenario global. A medida que nuestra economía madura, nuestro enfoque debe pasar de lamentar los precios del pasado a presupuestar mejor, invertir y adaptarnos a las realidades financieras del futuro.