La propuesta del secretario de Defensa estadounidense, Pete Hegseth, de transmitir en directo la ejecución por pelotón de fusilamiento del exmayor Nidal Hasan ha provocado una dura advertencia de las Naciones Unidas. La Oficina de Derechos Humanos de la ONU recalcó que convertir una pena capital en un espectáculo público viola los tratados internacionales y supone un trato cruel, inhumano y degradante comparable a la tortura.
Rechazo rotundo del organismo internacional
La portavoz de la ONU, Shabia Mantoo, indicó que la retransmisión vulneraría la prohibición universal de la tortura y socavaría la dignidad humana garantizada en el Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos. De consumarse, sería la primera ejecución pública en territorio estadounidense en casi un siglo, un retroceso que la ONU compara con prácticas que suele condenar en Afganistán o Irán.
¿Quién es Nidal Hasan? El psiquiatra castrense radicalizado
Comprender la vehemencia con la que Washington persigue este desenlace exige analizar el perfil de Nidal Malik Hasan. Lejos de ser un atacante foráneo, Hasan era un oficial en activo del Ejército de los Estados Unidos y psiquiatra colegiado, nacido en Virginia en el seno de una familia de origen palestino.
El 5 de noviembre de 2009, en la base de Fort Hood (actualmente Fort Cavazos), en Texas, Hasan abrió fuego indiscriminadamente contra soldados desarmados que completaban chequeos médicos previos a misiones en Irak y Afganistán:
- 13 víctimas mortales: Doce uniformados—incluida una soldado embarazada—y un contratista civil fueron asesinados a sangre fría.
- Más de 30 heridos: Decenas de personas resultaron tiroteadas antes de que agentes civiles hirieran a Hasan, dejándolo parapléjico.
Durante la matanza, Hasan gritó "Allahu Akbar". Informes posteriores confirmaron que había intercambiado correos con Anwar al-Awlaki, ideólogo de Al-Qaeda. En su juicio militar, no expresó arrepentimiento alguno y afirmó haber actuado en legítima defensa del régimen talibán.
Las razones de la firmeza estadounidense para su ejecución
El empeño en ejecutar a Hasan en la prisión militar de Fort Leavenworth, Kansas, obedece a profundas razones morales y políticas:
- Traición al uniforme: Atacar por la espalda a compañeros bajo su juramento de fidelidad militar es considerado el acto de deslealtad más grave en el ejército estadounidense contemporáneo.
- La polémica de la "violencia laboral": La decisión inicial del gobierno de Barack Obama de etiquetar la masacre como "violencia en el entorno laboral" y no como atentado terrorista generó años de indignación entre las familias, que no recibieron honores de combate hasta mucho después.
- Cierre institucional y político: Para la cúpula de Defensa, aplicar la pena capital a Hasan de forma contundente representa un acto de restitución simbólica ante el extremismo y el deshonor militar.